50 aniversario de La región más transparente de Carlos Fuentes

 

Fernando Benítez escribe en la presentación del cuadernillo que acompaña al CD, donde Carlos Fuentes narra el capítulo final de La región más transparente: “Naturalmente, la primera explosión causada por esta bomba literaria ocurrió en México, cuando apareció en 1958 en una edición del Fondo de Cultura Económica”.

 

Esta novela “difícil y caótica”, según Benítez, “causó más irritación que entendimiento”; en Estados Unidos se publicó en 1960 con el título de Where the air is clear. El autor de Los demonios en el convento menciona, entre otras críticas que aparecieron a raíz de su publicación en inglés, las de Edmundo Fuller, del New York Herald Tribune; R.A. Feliffe, del Chicago Tribune; y la de Barbara Hunt, quien “expresó un juicio generoso, propio de los mejores intelectuales americanos”.


Hunt escribe: “Nosotros los norteamericanos, que frívolamente cruzamos por millones la frontera del sur, debemos agradecer este complejo retrato de una sociedad que nunca hemos tratado de comprender seriamente. El México que consideramos nuestro parque de vacación y recreo ha tenido una historia trágica y violenta. Su pueblo está vigorosamente vivo y lucha por asimilar demasiadas influencias, demasiada historia y demasiada violencia, experimentadas con demasiada prisa y mucho dolor”.

 

Carlos Fuentes, añade Barbara Hunt, “nos dice muchas cosas sobre su país que los norteamericanos necesitamos saber. Estamos en deuda con él por habernos ofrecido esta guía del espíritu mexicano”.

 

El New York Times –refiere Fernando Benítez- hablaba de un libro “fuera de lo común que ilumina no sólo la vida de México sino la condición humana”; mientras que el Kansas City alude a esta novela “como la más ambiciosa y hábil que ha producido México en mucho tiempo y desde luego la más moderna”.

 

De acuerdo con el autor de Viaje a la Tarahumara, en México la crítica “o guardó silencio o expresó juicios cautelosos y cargados de reticencias”. Como en la época de los murales de Diego Rivera, tenían frente a sus ojos un enorme fresco de la vida mexicana y se negaban a verlo, a reconocer como auténticas aquellas figuras”.

 

El de Fuentes en esta novela es, según  Benítez, “un mundo carnavalesco, obsceno, en perpetua lucha, donde todo es viejo o escandalosamente nuevo y detonante”, un mundo que asiste “al asalto de nuevos seres, de nuevas ideas y de nuevas violencias”. Ixca Cienfuegos es un símbolo que se erige en medio de este remolino; en él “se unen los contrastes, cobran coherencia las luchas, conviven los tiempos históricos”.

 

Por “su posición crítica y su fe en la razón del hombre”, Carlos Fuentes es, en palabras de Fernando Benítez, “un intelectual moderno”. En este disco compacto el escritor narra el capítulo final de esta extraordinaria novela con las pausas y el ritmo que su propia voz le da a cada frase, a cada palabra.