Rosa Beltrán en defensa de la literatura


Judith Amador Tello
Foto de Benjamín Flores
Proceso, núm. 1683
Febrero 1, 2008

Como estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la escritora Rosa Beltrán recuerda haber tenido la oportunidad de escuchar cátedras o conferencias con distintos autores, entre ellos Julio Cortázar, Umberto Eco y Juan José Arreola, quien iba continuamente al auditorio Justo Sierra.

Hoy no sólo el también llamado auditorio Che Guevara está cerrado, sino que el quehacer literario está desvinculado de las distintas carreras relacionadas con la literatura, y los escritores han quedado prácticamente fuera de las aulas y el proceso de enseñanza.
 


Así lo considera la autora de La corte de los ilusos y Alta infidelidad, entre otras obras, actual directora de Literatura en la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, quien desde su llegada a esta dependencia en febrero de 2008 se ha propuesto no sólo restablecer ese vínculo, sino también recuperar el brillo que tuvo el quehacer cultural de la Universidad con el desaparecido poeta y promotor cultural Jaime García Terrés:

“Volver a un momento cultural como el de García Terrés le está haciendo mucha falta al país, en este momento en el que la sociedad se enfrenta a enormes problemas de fragmentación, de disolución social, de falta de entendimiento, de falta de sentido.”

Si para algunos suena anacrónica la idea de encontrarle sentido a la vida, fuera de los patrones convencionales del éxito y del consumo económico impuestos por los medios electrónicos, ella concibe que en la literatura y la cultura se encuentran muchas de las respuestas a problemas como la falta de unidad en el país, pues la política “no está desvinculada de la cultura, la historia, la sociología, la sicología o la filosofía, son parte de lo mismo”.

Y sin embargo la cultura y la literatura no están exentas de problemas. Ella identifica algunos en el segundo ámbito, tales como la disminución de espacios, debido al cierre de suplementos y revistas; otro es el mercado literario que, en busca de rentabilidad, uniforma criterios y limita la riqueza, diversidad y variantes de las distintas voces literarias; y el “desdén de las autoridades por lo que tiene que ver con cualquier proyecto cultural”.

–Cuando habla de desdén de las autoridades, ¿se refiere a la nueva administración en la UNAM?

–No, no hablaba de las autoridades de la UNAM, hablo del gobierno de nuestro país, de sus funcionarios, del proyecto cultural y educativo del país.

A decir suyo, a partir de los años ochenta, se ha dado un deterioro en distintas escalas en el ámbito cultural. Como un ejemplo habla de las librerías que antiguamente eran el espacio en el que se adquiría un volumen que, sin importar su antigüedad, iba a ser siempre una “novedad” para quien lo leyera por primera vez. Hoy, si la llamada “novedad” no alcanza pronto un número de ejemplares vendidos, deja de ser rentable y no tiene “cualidades” para ser exhibido donde el “cliente” (lector) pueda ubicarlo fácilmente.

Asume como difícil que desde la Dirección de Literatura se pueda enfrentar el desdén, pues lo ve como un trabajo titánico, requiere de la participación de toda la sociedad y de un consenso, pero en lo que le corresponde, asegura que sí está dando la lucha, “pequeñas luchas”.

Así, el proyecto literario de la Universidad, dice, no está determinado por la rentabilidad. Las actividades y publicaciones consideran más bien “que la literatura es la forma idónea de tomar la temperatura cultural, el lugar donde abreva la imaginación, es la posibilidad de encontrar las distintas manifestaciones del poder creativo”.



Varios frentes

La propuesta se apoya en los cinco géneros: cuento, ensayo, crónica, novela corta y poesía. El cuento que, en su opinión, pese a la enorme tradición en los siglos XIX y XX, ha sido desdeñado y las grandes editoriales comerciales prefieren hoy la novela. Se lanzará una colección anual antológica para compendiar los mejores cuentos de lengua española, a la manera de las realizadas por John Updike.
Su propósito es combatir “la atomización” y saber qué se está escribiendo en otros países, sobre todo en los que comparten nuestra lengua, y permitir al gran público acceder a materiales limitados generalmente a “esa élite constituida por el grupo de escritores invitados a los distintos congresos internacionales... Con esas antologías van a ser alimento para todos”.

Ya se publicó una primera antología, Cuento italiano del siglo XX, en el marco de la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, pues tuvo como país invitado de honor a Italia, con autores como Pirandello, Papini, Pavese, Moravia y Eugenio Montale, entre otros. Y el segundo volumen serán cuentos de escritoras como Elsa Morante y Grazia Deledda.

En el mismo tenor, se editarán antologías poéticas y de ensayo literario que, aun cuando “tuvo una gran importancia, ahora no encuentra cobijo”. Se hará una colección con Pértiga, dentro de la cual se lanzó ya Nobleza de espíritu, del filósofo holandés Rob Riemen.

Otras próximas colecciones serán en torno de la literatura y las artes plásticas, y una llamada Cultura cinematográfica. Está por salir el primer tomo Cine y literatura, que abarcará desde los años veinte hasta la actualidad. Empieza con Carlos Noriega Hope, pasando por Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, hasta autores “muy contemporáneos”. Las ilustraciones fueron proporcionadas por la Filmoteca de la UNAM.

Se continuará en narrativa con la colección Rayuela, que no distingue entre autores nacionales o internacionales, y se continuará realizando la versión electrónica del Periódico de Poesía, así como editando la serie Voz viva. En la vía digital e internet, se editarán también varias de esas publicaciones y se subirán a la página web de la dirección (http://www.literaturaunam.mx/):

“Buscamos maneras creativas y distintas que no se reducen a la distribución de libros, aunque los libros ocupen una parte importantísima en la dirección. Estamos haciendo 26 y estableciendo vínculos con las pequeñas editoriales, apoyándonos mutuamente para hacer coediciones, como con Sexto Piso y Almadía, y nos extenderemos a otras.” En cuanto a las actividades, se lleva a cabo el programa Habladores y su entorno, mediante el cual los autores ofrecen conferencias y charlas a los estudiantes. Y en las llamadas islas se han colocado estaciones de audio para reproducir Voz viva.



Buen momento

–Cuando habla de recuperar el vínculo entre la dirección y la facultad se entiende que ya no lo había, ¿por qué, qué sucedió?

Explica que habla básicamente a partir de su experiencia como estudiante y profesora, y hay una gran diferencia en los años ochenta, cuando había una gran actividad, y ahora que el auditorio está cerrado:

“Yo sé que para algunos puede sonar muy violento hacer esta diferencia entre el quehacer académico y el literario porque debieran ir de la mano, porque la academia debiera ser... es una herramienta, estoy hablando por supuesto de la carrera de letras, tanto hispánicas como modernas. Debiera ser una herramienta para encontrar camino para acceder a las obras, entrando por distintas puertas y distintas ventanas.”

El que no ocurra así, dice, no sólo se da en México, es un fenómeno universal en el cual la literatura se ha “reconcentrado en sí misma y ha construido su propio lenguaje. Y muchas veces las propias obras literarias se han exiliado... No debieran ser lenguajes separados, pero es un hecho que lo son. No debiera ocurrir que en las distintas carreras de literatura, no sólo de la UNAM, hayan quedado fuera los escritores. Cuando yo estudié la carrera, muchos escritores fueron mis maestros. Se pueden contar con los dedos de una mano cuántos quedan”.

Se trata pues, añade, de hacer un esfuerzo, de tener “una enorme pasión por la literatura en ambas instancias”, para que tanto escritores como quienes tienen un cargo como el que ahora ocupa ella, apoyen por encima de todo a la literatura y a la cultura.

En tanto que además de su área existe una Coordinación de Literatura en el Instituto Nacional de Bellas Artes, a cargo de Enzia Verducci, se le pregunta a Beltrán qué ofrece como alternativa la UNAM. Se adivina que dirá que no compiten, sino suman esfuerzos, y así se le dice.

Responde entonces que la UNAM se asume como defensora del saber y orienta su labor no sólo a la comunidad universitaria, sino al gran público, y sus ediciones incluyen tanto autores universitarios como externos, y añade:

“Dices que te diré que sumamos esfuerzos y lo digo, de verdad, con un sentido distinto con el que normalmente se dice. No es retórica: Me parece un momento importantísimo, y por eso acepté la dirección en este momento, el que haya coetáneos escritores en otros foros y decidamos unirnos. El que esté Enzia Verducci en el INBA –y el trabajo de estos ocho meses lo comprueba– implica, por un lado, conjuntar esfuerzos para publicar, hacer homenajes, lo de siempre, digamos, es decir vindicar y hacerle justicia a los autores del canon. Pero por el otro, preocuparnos de toda la literatura joven, de los grandes autores jóvenes y muchos de ellos.”

Asegura que como con Verducci, hay colaboración con otros escritores-funcionarios como Jorge Volpi, director de Canal 22, y José Ramón Ruisánchez, coordinador de la licenciatura en literatura latinoamericana en la Universidad Iberoamericana.

“Nos estamos uniendo para hacer este esfuerzo y dar esta batalla... Mi motivación final –no sé la de los demás– es personal, es narcisista: Vivo de la literatura y para la literatura, lo que hacen otros es mi tanque de oxígeno, defender la literatura es mi forma de garantizar mi sobrevivencia.” Este año Radio UNAM, en colaboración con la Dirección de Literatura de la UNAM, transmitirá microficciones de distintos autores y fragmentos de Voz Viva de México, que también podrán escucharse desde el sitio web: http://www.descargacultura.unam.mx/.