Carpe diem de Samuel Ponce de León ¿novela apocalíptica?



El Financiero
Adriana Cortés Koloffon
Martes 8 de septiembre

Publicada por la Dirección de Literatura de la UNAM, Carpe diem (Serie Rayuela, 2009) de Samuel Ponce de León, uno de los epidemiólogos más destacados de México quien ha seguido de cerca el proceso evolutivo de la influenza en el mundo, plantea un escenario ¿apocalíptico? ¿futurista? ¿realista?: una Ciudad de México aquejada por los problemas de sobrepoblación y de higiene vulnerable al descontrol en distintos ámbitos. Los personajes viven cada día como si fuera el último: carpe diem. El terrorismo biológico es un arma invisible y negocio para unos cuantos en esta primera novela del autor que hoy, martes 8 de septiembre, presentan Sealtiel Alatriste, Enrique Graue y Ruy Pérez Tamayo, a las 19:00 horas en la Casa Universitaria del Libro.


¿Carpe diem: novela futurista o realista?

Futurista, ¡esperemos que no realista!

 

Julián, el protagonista, médico e investigador universitario, está  invitado a participar como asistente de un “oscuro consejo sobre riesgos ambientales” (p. 15) ¿por qué?

Es una ficción para ejemplificar que la situación de terrorismo biológico existe y los gobiernos hacen diferentes ensayos para saber qué ocurre.

 

La crisis interna de Julián, su divorcio, la pérdida de la brújula que lo conduce por la vida, ¿es reflejo del derrumbe del entorno que lo rodea?

Enfrenta circunstancias que lo llevan a tomar una decisión muy violenta; esto se da en medio de una serie de situaciones complicadas en una ciudad de México de un futuro no lejano: las circunstancias económicas, sociales y médicas se inscriben como escenarios donde ocurren varias epidemias: de asesinatos, de atentados, de corrupción, de cáncer de mama, viruela, epidemias de problemas en los hospitales, que de hecho son parte de nuestra vida cotiana, sobre todo, la epidemia de la influenza. 

 

¿Cómo determinar si una epidemia es consecuencia de un terrorismo biológico?

Hasta hoy los casos de terrorismo biológico se pueden identificar claramente porque son situaciones insólitas que, afortunadamente, no han tenido éxito. El riesgo de que los desarrollos tecnológicos pudieran facilitar que ocurriera una situación como ésta, han llevado a todos los Estados a crear mecanismos de estudio y programas de prevención. Habría que buscar patrones de enfermedad diferentes a los habituales para determinar si se trata de terrorismo biológico o no. Como especie, nos hemos desarrollado bajo la influencia de las epidemias conviviendo con múltiples organismos. Este contacto entre hombre y microorganismos nos es completamente invisible pero es real, permanente y muy intensa. Hay veces que se presentan como epidemias pero la gran mayoría de las veces es una convivencia muy pacífica.

 

¿Por qué le interesó unir ciencia y literatura?

No es habitual que en nuestro país se escriba este tipo de novelas. Michael Criston, médico, se dedicó a escribir novelas de ficción; explotó el tema con un éxito extraordinario. Hay muchos escritores médicos fuera de México que escriben novelas. Yo tomé un taller de literatura en la Casa Lamm y otro de poesía en la UNAM con Juan Bañuelos. Más recientemente, colaboré con Arnoldo Krauss en La Jornada Semanal.

 

En Carpe diem, Julián estudia un doctorado en el extranjero y al regresar a México se encuentra ante la escasez del campo de trabajo para dedicarse a la investigación científica: ¿ficción?

En eso, esta ficción se parece a la realidad porque hay una gran dificultad para reincorporar a personas con un entrenamiento muy bueno a las instituciones del país. No es raro escuchar de gente entrenada en Europa, Estados Unidos o Canadá, que regresa a México y no tiene espacios para trabajar; o los que se abren para ella son muy poco atractivos, entonces tiene que salir del país o nunca regresar porque no se tiene la oportunidad. Ese es un problema gravísimo de México: recursos extremadamente valiosos se pierden continuamente. 

 

Julián observa el Hospital General cercado por un puesto de antojitos, se tropieza a cada paso con la basura (p. 31). ¿La falta de higiene puesta en evidencia hace algunos meses, durante la epidemia de influenza?

Es algo muy desafortunado que ocurre en prácticamente todas las ciudades del país y no es particular de México sino que sucede en toda América Latina. Escribí el libro desde hace más de cuatro años y lo terminé muchos meses antes de que sospecháramos que íbamos a tener una epidemia de influenza aquí.

 

Aunque es ficción en la novela, ¿podría suceder que la droga esté  contaminada por un virus capaz de provocar la muerte?

Ha habido situaciones parecidas. Recuerdo una: la heroína contaminada con bacterias. Utilizaban jugo de limón para hacer soluciones. Los limones estaban contaminados; además de drogarse se inyectaban bacterias que les ocasionaba enfermedades muy graves. También en el ámbito médico se ha estudiado la marihuana contaminada con salmonelas. No es del todo insólito, puede suceder tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados.

 

¿Qué aprendió al terminar de escribir Carpe diem?

Que ¡es muy difícil escribir una novela! Uno piensa que termina y no es cierto. He recibido críticas y lecturas muy acuciosas de situaciones que se me escaparon. También advertí que es muy satisfactorio poder culminarla. Espero que resulte entretenida. Siendo médico y dedicándome a estos temas, uní la imaginación con situaciones de experiencia que me permitieron escribirla sin necesidad de hacer una investigación exhaustiva