Archivos del futuro: la ficción especulativa de Libia Brenda

Katherine Tilghman

Quien crea que el archivo no es nada más que una antigüedad polvorienta encontrará una contradicción rotunda en el libro más reciente de la escritora mexicana Libia Brenda, cuyos relatos deslumbrantes combinan la memoria con la ciencia ficción para tejer una narrativa fresca y original.

Libia Brenda 
De qué silencio vienes
Dirección de Publicaciones, BUAP  
Puebla, 2023 
130 páginas


Katherine Tilghman es participante del Diplomado de Actualización de Literatura Hispanoamericana 2025 de la Cátedra Extraordinaria Carlos Fuentes de Literatura Hispanoamericana.


Quien crea que el archivo no es nada más que una antigüedad polvorienta encontrará una contradicción rotunda en el libro más reciente de la escritora mexicana Libia Brenda, cuyos relatos deslumbrantes combinan la memoria con la ciencia ficción para tejer una narrativa fresca y original. En De qué silencio vienes, Libia Brenda mira al futuro por la lente del archivo, invitándonos a pensar el presente y el futuro a través de los vestigios que dejaremos atrás. El resultado es una obra variada y atrevida que desafía nuestra realidad y teje con destreza un archivo imaginario que ofrece un aviso contra las eventualidades posibles de nuestro presente.

El compromiso comienza con el cuento que abre la colección, “El refugio de la memoria”, que, además de ser el más largo, es uno de los más impactantes. Este relato epistolar se compone de las entradas diarias de una adolescente, Anja, cuyo padre adoptivo—líder tiránico de su pequeña comunidad desértica y aislada—la prepara para encargarse del Archivo, que hospeda documentos históricos y oficiales cuidadosamente curados y gestionados para proteger el orden social. Anja vive cerca del Muro, una frontera con un campo magnético que provoca la amnesia instantánea al cruzar y que sirve o como un castigo para la actividad ilegal, o, supuestamente, como un alivio de recuerdos traumáticos. Cuando una nueva residente, Lía, llega desde el otro lado, Anja empieza a cuestionar lo que su padre le ha enseñado.

La escritura privada de Anja es el primer archivo que encontramos y en el que Libia Brenda nos revela poco a poco los detalles de un mundo futurístico, posicionando al lector como un historiador de la vida de Anja. A partir de los detalles que la narradora documenta, nos toca inferir cómo es la estructura de su sociedad, a veces leyendo su archivo—algo ingenuo al principio—a contrapelo. Aunque pareciera que la ficción distópica y futurística sería la antítesis del archivo, Brenda los entrelaza hábilmente para resaltar sus paralelos: ambos nos presentan una sociedad distinta, una que supuestamente comparte los fundamentos humanos de la nuestra, pero que nos resulta extraña e insólita—un código archivístico que debemos descifrar.

“Cuál el silencio”, cuyo título representa un parafraseo de la pregunta que titula la colección de cuentos, retoma el hilo del desciframiento del archivo. Esta vez Libia Brenda construye su archivo desde un misterioso manuscrito inventado que la protagonista, una profesora llamada Julieta, ha dedicado su vida a traducir y descifrar. Cuando finalmente le llegan las últimas páginas del manuscrito, hasta entonces perdidas, Julieta se da cuenta de que el texto—y por lo tanto, ella como su traductora—forma parte de un ciclo intergeneracional e interminable de desciframiento, escritura y archivo, poniendo de relieve la mediación inherente en cualquier texto escrito o archivado. En este cuento, el manuscrito no solo “[cede] a su escrutinio” (101), divulgando sus secretos ante el poder intelectual de la traductora, sino que también el documento mismo la convoca y le atraviesa el pasado y el futuro. A pesar de su aislamiento intelectual y social, Julieta inevitablemente formará parte de un archivo futuro, como todos nosotros.

De igual manera sucede en la perturbadora historia final, “Estética Suzi,” donde se nos transporta a un mundo distópico donde la escasez del agua potable convierte el pelo en un símbolo de estatus socioeconómico, por la necesidad del agua para su limpieza y donde el empleo del lenguaje inclusivo coexiste con la persecución estatal de las personas trans. Su protagonista, Tara, sueña con una carrera de modelaje y una cabellera larga y elegante, como la de su cantante preferida, Suzi. Este sueño choca con los desafíos materiales de su vida y la de Mario, su mejor amigo, quien como hombre trans, enfrenta una detención injusta y la amenaza de ser enviado al otro lado del Muro para asimilarse a las masas amnésicas como mano de obra barata. Es en este cuento donde más potentemente figura nuestro presente como un archivo futuro admonitorio: Tara queda estupefacta cuando lee que en el pasado, existían fuentes ornamentales en las que el agua se usaba como pura decoración.  Esta estructura cotidiana de nuestra realidad se vuelve, en el archivo de Tara, un artefacto ajeno de desperdicio impensable.

A la par, en este cuento el cuerpo emerge contundentemente como archivo, uno compuesto de huellas físicas de identidades y decisiones pasadas. El pelo, por ejemplo, se convierte en un rasgo tangible de la clase social, un registro vivo de las prácticas corporales. Asimismo, el cuerpo de Mario, que se ha transformado desde que empezó el tratamiento hormonal, es un terreno de conflicto político por los rastros que conserva de su pasado y su identidad. Al situar el cuerpo como archivo en “Estética Suzi”, Libia Brenda vuelve a los interrogantes que animan el inicio del libro, pero desde el otro lado del Muro, cuyo olvido impuesto a los condenados Tara ve como “horroroso…están devastando todo su ser” (118). Esta perspectiva rechaza el dualismo mente-cuerpo que sugiere la caracterización del olvido forzado como un proceso indoloro e inofensivo y ejemplifica cómo el cuerpo deviene un archivo vivo de la convergencia de dinámicas políticas, sociales y ambientales en las realidades materiales de estos personajes. De qué silencio vienes cautivará a sus lectores con historias innovadoras que insisten en la relevancia del archivo no solo para el presente, sino también para el futuro. Sus relatos nos dejan con preguntas contundentes sobre cómo posicionarnos en el tiempo: ¿De qué archivo venimos? ¿Qué vestigios dejaremos cuando ya no estemos, y cómo leerán nuestros silencios y excesos desde un archivo futuro? Tal vez lo más loable de esta hazaña artística es que, al plantear estas preguntas en sus ficciones, Libia Brenda no nos deja a la deriva en un mar de abstracciones filosóficas; nunca pierde de vista el cuerpo ni el interrogante incisivo y contundente de la inolvidable Anja: “¿Dónde está depositada la memoria del cuerpo?” (37).

 

 

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