Mi padre, un apasionado por la música clásica, solía hablarme de ópera cuando era niña e incluso me llevó al teatro Teresa Carreño en Caracas a ver Carmen, Evita y Jesus Christ Superstar. Viene a mi memoria la emoción que sentí en aquellos espectáculos; sin embargo, incomparable a la sensación que experimenté, por primera vez, con el arte visual en movimiento al atravesar los tubos colgantes del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. En esa ocasión, me involucré con todos los sentidos: el tacto del metal frío contra mi cuerpo que se abría paso entre los tubos y al fondo la vibración de los que se unían en sonoridad de campanas. La vista engañada por el movimiento imperceptible de los que aún no había atravesado, acaso con la sensación de infinitud enfrente y la magia de la quietud al tomar distancia de la obra. Desde entonces, soy aficionada al arte cinético y a la obra de Carlos Cruz-Diez a cuya práctica artística quiero referirme en esta líneas.
Carlos Cruz-Diez emigró a Francia desde muy joven en busca de una nueva noción del arte que implicara al espectador. Encontró en el color la mejor manera de expresarse. En una entrevista concedida a Miyó Vestrini [1] el 7 de mayo de 1971, expresó “el color es una situación evolutiva, una realidad, que actúa con la misma violencia sobre el ser humano, como lo frío, lo caliente, la libido, el sonido… Lo que sucede entre esta situación evolutiva y la complicidad e implicación de cada espectador es para mí una nueva noción del arte”.
La obra de este artista nunca giró en torno a un tema o a un motivo que quisiera comunicar, ni siquiera obedeció jamás a la inspiración sino más bien a la creación de una realidad, a través de un elemento primigenio como lo es el color y donde el movimiento está presente solamente para que el color suceda, transformando el tiempo y el espacio. El fin último de su propuesta es reaprender a mirar.
En entrevista con Cristina Raffalli [2], a propósito de las memorias escritas por el artista, nos enteramos de cómo surgió la idea para su primera Fisicromía. Cuenta el maestro en su libro que, después de muchas horas de experimentación, organizó las bandas de cartón coloreadas sobre un bastidor y observó el efecto que se había propuesto lograr: variados “climas de color” por la aparición y desaparición de estos. Movió el bastidor hacia un rincón del recinto para tomar distancia y apreciar mejor el fenómeno. Luego, llamó a su esposa e hijos para que vieran el resultado de la investigación que tanto tiempo le había llevado, pero uno de los niños que venía corriendo se llevó por delante el bastidor. Las bandas de colores, desperdigadas por el aire, colorearon el ambiente como en una explosión de fuegos artificiales y fue a partir de ese momento que comenzó a reflexionar sobre el color en el espacio. Desde entonces, este pensamiento se convierte en el eje que atraviesa toda su obra y quizá en una concepción del mundo, pues lo que ocurre en el arte de Cruz-Diez no existe ni en la obra ni en el ojo, sino entre ambos.
Los nombres de sus colecciones [3] ya nos dan certeza de la preocupación del artista por el color:
- La Inducción cromática que busca aislar la estrecha relación que existe entre el ojo y el color, a través de la creación óptica del color complementario. Que surge de la yuxtaposición de una trama azul y una negra sobre fondo blanco. El ojo genera sobre ese fondo el color complementario del que se opone al negro. Pero lo hace de manera fugaz, de modo que ese color complementario está y no está a la vez, en una suerte de existencia virtual que se antoja real por el efecto logrado.
- Las Fisicromías que contienen una gama compleja de efectos ópticos al jugar con el color luz y el color físico.
- La Cromointerferencia que no es más que superposición de módulos de acontecimiento cromático sobre un plano para causar una coloración que se transforma con la distancia del espectador. Superponiendo una serie de módulos móviles, sea por medios mecánicos o sea por la acción del espectador, se genera una transformación que revela colores que no parecían estar contenidos en ese plano. Los movimientos ondulatorios, diferentes al desplazamiento real de los módulos, desarrollan una luminosidad superior a la que tendrían esos mismos colores aisladamente, pasando de un estado bidimensional al de un volumen aparente.
- El Color aditivo para crear una “mezcla óptica” de dos o más colores que, al variar la luz y la distancia, genera nuevas gamas de color.
Estas dos últimas técnicas, la cromointerferencia y el color aditivo, son las utilizadas y las que le dan el nombre a la obra ejecutada por el artista en el año 1978 en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Caracas; la de mayor significado para sus compatriotas venezolanos. Se trata de un espacio que ocupa dos mil seiscientos ocho metros cuadrados y que se extiende a lo largo del piso y las paredes laterales del pasillo central del aeropuerto. Diminutos mosaicos enclavados en el suelo generan matices insospechados que atan un vínculo entre el espectador y la obra; posible emblema de la preocupación existencial del autor por llevar el arte cinético a la vida cotidiana. La obra, de franjas de distintas anchuras con amarillos, negros, rojos y azules dispersos, pero armónicos, parece bailar bajo los pies de quien transita la instalación en un movimiento natural y cotidiano. Esos mosaicos han atestiguado los abrazos inconclusos, los proyectos de vida deshechos, las lágrimas contenidas y las falsas promesas de un retorno seguro. Cada venezolano que ha dejado el país atrás conserva una foto de su zapato sobre el Cruz-Diez de Maiquetía; acaso como recordatorio del pensamiento del artista sobre la necesidad de reaprender a mirar el mundo.
Notas:
1. Dahbar, Sergio (curador). 70 años de entrevistas en Venezuela. Antología. Grupo editorial Cyngular (Caracas, 2012). Consultado en noviembre de 2024.
2. Raffalli, Cristina. Carlos Cruz-Diez, los colores del siglo. En prodavinci.com, 28 de julio de 2014. https://goo.gl/kLRdaa. Consultado en noviembre 2024.
3. Fundación Juan March. Carlos Cruz-Diez. El color sucede. En digitalmarch.es, 2009. https://goo.gl/4TcDZb. Consultado en noviembre 2024.
Fuentes consultadas:
Dahbar, Sergio (curador). 70 años de entrevistas en Venezuela. Antología. Grupo editorial Cyngular. Caracas, año 2012.
Esteva Grillet, Roldán. La decoración mural en Venezuela: apuntes para una historia. Universidad Central de Venezuela, año 2000.
Fundación Juan March. Carlos Cruz-Diez. El color sucede. En digitalmarch.es, 2009. https://goo.gl/4TcDZb. Consultado en noviembre 2024.
Jiménez, Ariel. Color y forma en la obra de Carlos Cruz-Diez. Espacio Monitor, Centro de arte Los Galpones (sin registro de fecha).]
Raffalli, Cristina. Carlos Cruz-Diez, los colores del siglo. En prodavinci.com, 28 de julio de 2014. https://goo.gl/kLRdaa. Consultado en noviembre 2024.