La tormenta en el mar de Galilea: una obra imperdible

Alma Sánchez

Este texto fue escrito para el curso “Creatividad 3: Artes visuales”, impartido por Héctor Perea, en la cuarta emisión del Diplomado en Escritura Creativa de la Escuela de Escritura UNAM. Se trata de la versión entregada por su autora, que se publica aquí de manera íntegra y sin intervenciones.

En 1633 un joven Rembrandt pintaba la escena marina conocida como La tormenta en el mar de Galilea. Trescientos cincuenta y siete años después, una fría madrugada de marzo, la obra sería extraída por ladrones disfrazados de policías del museo Isabella Stewart Gardner, de Boston Massachussets. En 1990 la obra era ya considerada una pieza de gran valor artístico y la suma de recompensa por su recuperación alcanzaría los diez millones de dólares.

Existen razones para pensar que, para el tiempo en que fue robada, La tormenta en el mar de Galilea era ya una obra imperdible; diversos inventos del hombre la habían capturado ya en toda su extensión y detalle, de manera que esta no se perdió del todo. Múltiples registros fotográficos y videográficos la han mantenido desde entonces en la memoria como parte del archivo artístico de la humanidad.

Y si La tormenta en el mar de Galilea seguía sin ser olvidada luego de su robo, una novedosa iniciativa artística, surgida el 07 de octubre del año 2022 en un amplio sótano en Marble Arch, Londres, le dio nueva vida y aumentó su exposición al público. El proyecto llamado Frameless se caracteriza por ofrecer una experiencia artística inmersiva utilizando proyectores y altavoces de sonido envolvente. En consecuencia, podemos ver al cuadro en movimiento, oír el rugido de la tormenta y ver el agua desbordarse de las paredes en que se proyecta.

En este nuevo formato, la obra, que de por sí ya nos sumerge en un drama pictórico, adquiere mucha más intensidad. El pánico de los discípulos parece multiplicarse mientras luchan por recuperar el control de su barco de pesca cuando una gran ola se estrella sobre su proa. Uno de los discípulos sucumbe a la violencia del mar vomitando a un lado. Y, en medio de este caos, solo Cristo, a la derecha, permanece tranquilo, como el ojo de la tormenta.

Pienso en el espectador mientras el espectáculo de oscuridad y luz formado por los mares agitados y el cielo ennegrecido lo envuelve y atrapa. ¿Sabrá la historia de este cuadro monumental que lo rodea?, ¿se pregunta acaso dónde estará el original? Imagino que imagina a la pintura deteriorándose, muriendo en un escondite solitario y húmedo.

Pienso en las ironías de la vida: el cuadro virtual cobrando vida mientras el original muere irremediablemente. Pienso en el ojo de cristo y en el ojo de la tormenta, pienso en el ojo de Rembrandt guiando la mano hacia el lienzo, eligiendo ser él mismo uno de los discípulos en la embarcación y me encuentro con su mirada que me dice que va a salvarse, que no está perdido.

Rembrandt, La tormenta en el mar de Galilea, 1632.
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